domingo, 14 de mayo de 2017

Escena: Wave's rythm.

Hace unas semanas se me ocurrió hacerme un tablero en Pinterest de temática surfera/veraneo/playa/loqueestainocenteimaginaqueesCalifornia. Está en privado porque de momento es pequeñito y no me siento con ganas de compartirlo al mundo, dado que siento que podría contarme miles de historias. 
De momento, me ha inspirado esta escena, por lo menos la primera mitad de ella. Desde hace días vivían en mi cabeza dos chicos tumbados plácidamente en una casita soleada cercana a la playa, y finalmente los he reflejado en un papel. El resto de la mini-trama vino sola.


Escuchó el sonido errático de las gaviotas alzándose contra el murmullo de las olas al romper en la orilla, audibles desde su casa a pesar de encontrarse varias calles alejada de la playa.
Se habían asentado en el salón y ahora ambos yacían tumbados en el suelo, con las cabezas a escasos centímetros de distancia y los cabellos rubios de ella mezclándose entre el pelo aún más claro de él. La luz de sol se colaba a raudales por las ventanas abiertas, reflectándose en las paredes beige para inundar toda la habitación. El silencio era total, sólo interrumpido por los ruidos de la naturaleza producidos más allá, y Laura respiró hondo, disfrutando de aquella paz.
Miró a Erik y le descubrió haciendo figuras con las manos, totalmente abstraído en su labor. En los momentos siguientes pudo ver cómo su amigo creaba las formas de un gato, un caballo y un enorme ave.
Se dedicó a contemplarle durante un largo rato, sintiendo cómo sus pulmones se llenaban y vaciaban de aire de manera constante y tranquila, sin sufrir ningún estímulo que acelerara su ritmo. Casi sonrió, sencillamente feliz y entonces, de improviso, recordó a Meghan.
Hacía días que ninguno de ellos la veía: desde que su hermano regresara de aquel campamento en Chicago no había vuelto a quedar con ellos y no respondía a las llamadas. Sólo Lily había hablado con ella desde entonces, cuando Meghan le mandó un Whatsapp para decirle que se encontraba bien, que simplemente quería disfrutar de la compañía de su hermano tras haber pasado más de un mes sin verle.
Pero el tiempo seguía corriendo, y su amiga continuaba sin dar señales de vida. Ella no era así: por mucho que hubiera echado de menos a su hermano, amaba surfear y Laura nunca la había visto más de dos semanas sin cabalgar una ola junto a alguno de ellos. Además, se había perdido la última quedada nocturna en la playa, algo que no había hecho jamás.
De pronto, la calma y la paz parecieron ausentarse de la habitación.
- ¿Has sabido hoy algo de Meghan?
Las manos de Erik se detuvieron al instante en el aire y él las posó sobre su vientre.
- No. La verdad, empiezo a estar preocupado.
- ¿Crees… crees que le ha pasado algo? – la voz de Laura se volvió un susurro al formular la pregunta.
- ¡No! No, de algún modo lo habríamos sabido, estoy seguro.
Laura recordó la casa de su amiga, situada en el segundo piso de un edificio de apartamentos adentrado en el centro de la ciudad, pero demasiado lejos de la costa. Sólo había estado en ella un par de veces, pero le resultaba un espacio frío e impersonal únicamente amenizado por el pequeño dormitorio de Meghan, que había logrado gracias a su dueña adquirir un aspecto cálido y acogedor.
La imaginó allí encerrada, sin apenas salir durante semanas, y sintió cómo se le encogía el corazón. Ella estaba allí con Erik, disfrutando de la luz y el sonido del mar en el frescor de su salón y la alegría de encontrarse en compañía de una agradable amistad.
- Vamos a buscarla.
Se levantó resuelta de un salto y, mientras mesaba su cabello para que volviera a su forma natural después de haber permanecido esparcido por el suelo, observó a su amigo que la miraba asombrado, todavía tumbado.
- ¿Ahora?
- ¿Por qué no?
- Bueno, simplemente no me esperaba este plan. ¿Avisamos al resto?
- No hay por qué. Sólo quiero verla, saber cómo está, llamar a todos requerirá mucho tiempo que podemos emplear en ir ya a su casa.
- Relájate, respira un segundo. Si de verdad Meghan se ha aislado todos estos días porque quiere estar con su hermano, será más probable que nos dedique tiempo a nosotros si estamos todo el grupo, o al menos más gente que sólo nosotros dos. Dame un segundo, ¿quieres?, en seguida lo arreglo.
Erik se incorporó sin esfuerzo y, móvil en mano, comenzó a teclear de manera aparentemente descontrolada. Laura se quedó de pie a su lado con los brazos en jarras y, con un hondo suspiro, admitió su derrota.
- Está bien, llevas razón, tú ganas. Pero date prisa.

domingo, 7 de mayo de 2017

Microcuento: Huida.

- Esta es la libertad de un mundo que se pierde a sí mismo, hijo mío.
Lucas contempló las docenas de aves que, piando escandalizadas, se alejaban hacia el anochecer del horizonte.
- ¿Por eso parecen tener tanta prisa al volar?
- Claro. Tienen miedo de que nuestra realidad las ate a tierra y ya no las deje escapar.

lunes, 24 de abril de 2017

Microcuento: Prisionera.

Cada vez que, con los ojos cerrados, siento cómo el sueño me vence, noto un nuevo empujón desde
el colchón, golpeándome de manera que no me consigo dormir.
Miro el despertador, han pasado varias horas desde que me acosté y no he dormido ni cinco minutos.
Me doy la vuelta en la cama exhalando un suspiro exasperado, acomodándome con movimientos exagerados entre las mantas. Un nuevo golpe trata de alcanzarme en protesta y esta vez, con la mirada bien atenta, percibo el relieve de su puño asomando en la superficie de la cama.
- Estate quieta - la regaño con un gruñido susurrado. No quiero despertar a mis padres, pero sé que      ella   puede oírme -. No te gustará saber cómo me comporto después de una noche en vela.

lunes, 17 de abril de 2017

Atenea.

En un parpadeo, se encontró frente a una pila de dosieres, folios y libros tan alta que ni siquiera le permitía ver los demás escritorios que había esparcidos por la sala.
Se detuvo frente a la mesa en silencio durante unos segundos, con sus superiores aguardando a su espalda. Tras un par de profundas inspiraciones pudo escuchar la suave voz del General, que parecía deslizarse a través del aire como el más fino humo cada vez que hablaba.
- ¿Qué le parece, señorita? - a pesar de que intentaba sonar seguro, Laura pudo percibir la inquietud      en sus palabras -, ¿cree que podrá tener analizada toda esta información para el viernes?
El miércoles entraba en su ocaso, y ella lo sabía. La escena que tenía enfrente le anunciaba largas horas de esfuerzo, bombillas encendidas de madrugada y demasiado cansancio, pero aquello sólo consiguió motivarla aún más. Ningún trabajo había podido nunca con ella, y ese no iba a ser el primero.
Decidida, se volvió hacia el equipo tras ella y estiró la espalda lo máximo posible.
- ¿Tienen té aquí?
- ¿Cómo?
- Té, ¿puedo disponer de él aquí?
- Por... por supuesto - el General titubeó un segundo, sin duda sorprendido por su respuesta.
- Entonces, de por sentado que cumpliré el encargo.